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John Keats
Poeta inglés
Nació el 31 de octubre de 1795 en Londres, su padre era propietario de una caballeriza. Cursó estudios en el centro escolar de Clarke, en Enfield, y con 15 años fue aprendiz de cirujano. Estudió medicina de 1814 a 1816, año en que se hizo farmacéutico. Realizó una traducción de la Eneida y de algunos poemas de Virgilio. En el año 1816 se editaron sus primeros sonetos, 'Oh, soledad si pudiera morar contigo' y 'Al examinar por primera vez la traducción de Homero hecha por Chapman'. Los poemas aparecieron en la revista Examiner. Conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, cuya influencia le permitió publicar su primer libro, Poemas de John Keats (1817). Su segundo libro, Endimión, se publicó en 1818. En el año 1820 enfermó de tuberculosis. En julio de 1820 se publicó el más destacado de sus libros , Lamia, Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas. Viaja a Roma en busca de un clima más cálido durante el invierno. Allí falleció el 23 de febrero de 1821 y fue enterrado en el cementerio protestante. Tras su muerte se publicaron algunos de sus mejores poemas, entre ellos 'Víspera de san Marcos' (1848) y 'La Belle Dame sans merci' (1888). Sus cartas, consideradas por muchos críticos entre las mejores cartas literarias escritas en inglés, se publicaron en su edición más completa en 1931.
Oda al Otoño Estación de las nieblas y fecundas sazones, colaboradora íntima de un sol que ya madura, conspirando con él cómo llenar de fruto y bendecir las viñas que corren por las bardas, encorvar con manzanas los árboles del huerto y colmar todo fruto de madurez profunda; la calabaza hinchas y engordas avellanas con un dulce interior; haces brotar tardías y numerosas flores hasta que las abejas los días calurosos creen interminables pues rebosa el estío de sus celdas viscosas. ¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes? Quienquiera que te busque ha de encontrarte sentada con descuido en un granero aventado el cabello dulcemente, o en surco no segado sumida en hondo sueño aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta la próxima gavilla de entrelazadas flores; o te mantienes firme como una espigadora cargada la cabeza al cruzar un arroyo, o al lado de un lagar con paciente mirada ves rezumar la última sidra hora tras hora. ¿En dónde con sus cantos está la primavera? No pienses más en ellos sino en tu propia música. Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo y tiñe los rastrojos de un matiz rosado, cual lastimero coro los mosquitos se quejan en los sauces del río, alzados, descendiendo conforme el leve viento se reaviva o muere; y los corderos balan allá por las colinas, los grillos en el seto cantan, y el petirrojo con dulce voz de tiple silba en alguna huerta y trinan por los cielos bandos de golondrinas.
*buscabiografias.com
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